En Gestalt, el vacío fértil se refiere a un estado interno de no saber, de no hacer, de no tener que controlar, que paradójicamente se vuelve la fuente de creatividad y regeneración. Es un espacio donde la persona suelta lo viejo —una idea, una emoción retenida, una expectativa— y se permite quedarse en la nada… para que algo nuevo pueda emerger de forma espontánea y auténtica.
Este término proviene de la visión fenomenológica y existencial de la Gestalt. En contraste con la idea de un vacío neurótico —un vacío que asusta y se llena compulsivamente con cosas, actividades o pensamientos—, el vacío fértil es el no hacer productivo: un espacio de silencio interior, de pausa, donde la mente y el cuerpo se autorregulan y se abren a la novedad.
¿Qué hace el terapeuta gestalt?
En sesión, el terapeuta gestáltico puede invitar al cliente a detenerse y quedarse en contacto con lo que hay, aunque sea la sensación de no saber qué hacer o qué decir. Esa nada a menudo se siente incómoda porque rompe con la necesidad de control, pero es allí donde surgen nuevas comprensiones, emociones o impulsos genuinos.
El vacío fértil tiene mucha relación con el duelo bien transitado: cuando podemos soltar lo que ya no está vivo (un rol, una relación, una etapa), nos adentramos en un espacio de incertidumbre. Es ahí —en ese vacío fértil— donde la nueva forma de ser, sentir o actuar puede brotar.
«El vacío fértil es como el suelo del que brota una flor»
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