EL DUELO

EL DUELO

«No empujes el río, él fluye solo»

¿Qué es el duelo?


El término duelo proviene del latín dolus o dolere, que significa dolor o sentir pena.

Etimológicamente, también se relaciona con la raíz duellum, que se refiere a un combate o desafío, recordándonos que el duelo es, en esencia, una lucha interna: el encuentro profundo con una pérdida y la transformación que esta implica.

Desde la terapia gestalt, el duelo se comprende como un proceso natural, necesario y profundamente humano. Se trata de una experiencia emocional que surge cuando algo significativo para nosotros se rompe, cambia o desaparece. Cerrar ciclos, digerir experiencias y completar situaciones inacabadas es esencial para el crecimiento y la autorregulación del organismo.

Causas del duelo

Aunque solemos asociar el duelo principalmente con la muerte de un ser querido, la realidad es que la vida entera está tejida de pequeños y grandes duelos: cerrar etapas, abandonar lugares, dejar atrás roles o identidades. Cada cambio vital implica una pérdida —y, a la vez, la apertura de un espacio para lo nuevo.

En este sentido, podemos hablar de muchas formas de duelo, que incluyen:

– Cerrar una etapa: Terminar un ciclo, como un proyecto, una relación o un proceso personal.

 

– Dejar un trabajo: Implica soltar un rol, una rutina, vínculos laborales, incluso una parte de la identidad.

 

– Separarse de una pareja: La pérdida de la intimidad compartida, de un proyecto de vida común, de costumbres cotidianas.

 

– Independizarse del núcleo familiar: El joven que deja la casa de sus padres atraviesa el duelo de la niñez protegida, para adentrarse en la incertidumbre de la autonomía.

 

– Ir a la universidad y vivir en otra ciudad: Una experiencia que puede traer entusiasmo, pero también nostalgia por el hogar y el entorno conocido.

 

– La muerte de un familiar o alguien cercano: El duelo más evidente, que confronta la impermanencia de la vida.

 

– Inicios y finales de etapas vitales: La adolescencia que se despide de la infancia; la juventud que transita a la adultez; la mediana edad que se enfrenta a nuevas prioridades; la menopausia como cierre de la fertilidad biológica y apertura a otras formas de expresión; la vejez como etapa de integración y aceptación de los límites del cuerpo.

– Cambios físicos: Envejecer, enfermar, perder habilidades o capacidades corporales, todo ello implica duelos corporales que requieren ser reconocidos y sentidos.

Cómo intervenimos en el duelo desde la terapia gestalt

Desde el enfoque gestáltico el duelo se trabaja como un proceso de contacto con la emoción. No se trata de superar rápidamente la pérdida, sino de permitirse sentirla y expresar lo que surja: tristeza, rabia, miedo, amor. La terapia facilita que la persona pueda cerrar la Gestalt —es decir, completar la experiencia de la pérdida— para que la energía vital vuelva a estar disponible para el presente.

En este enfoque, es fundamental respetar el ritmo individual: cada persona necesita su propio tiempo y forma de transitar el dolor. Forzar o evitar el duelo bloquea la posibilidad de integración. La Gestalt sostiene que, cuando no elaboramos un duelo, parte de nuestra energía queda atrapada en el pasado, restándonos presencia en el aquí y ahora.

Finalmente, desde esta mirada, cada duelo es también una puerta. Cerrar una etapa no es olvidar ni negar lo perdido, sino agradecer lo vivido y abrirse a lo que la vida trae después. En palabras de Fritz Perls, uno de los fundadores de la Gestalt: «No empujes el río, él fluye solo». El duelo, igual que un río, tiene su propio curso: cuando nos permitimos acompañarlo con consciencia, nos transforma.

Acompañar un duelo es acompañar la vida misma: porque vivir es, en última instancia, aprender a despedirse y a renacer, una y otra vez.

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